27 marzo 2007
15 marzo 2007
Esto de la soltería (¡cáspita!)
02 marzo 2007
Lo más simple
En este casi mes de ausencia (tenía plantas que regar, una perra a la que educar, una familia a la que atender embutido en mi papel de digno anfitrión...) se me han ido dos desconocidos. Desayuna uno rastreando hojas de periódicos y se topa con la sección de Obituarios, una de las escasas que escapan a la bronca política (más que nada porque Acebes y compañía tendrían difícil negar que el muerto ha pasado a mejor vida, aunque siempre queda el rescoldo de establecer conexiones con el ácido bórico, y tal...). Y en ese recuadro fúnebre me informan de que, con un invervalo de apenas dos días, le han colocado un traje de pino a los insignes inventores del futbolín y del mando a distancia. Ayyy, se nos van los mejores (mi abuela dixit).
Leí sus nombres, pero reconozco que no los recuerdo, más que nada porque en mi vida los había escuchado. Me sé de carrerilla, en cambio, la identidad del inventor de la apología del fascismo (Arnaldo Otegi), del inventor de los gallos bucales asilvestrados (entiéndase David Bisbal) y de la inventora del mangazo (abran aquí un abanico que se extienda desde Massiel hasta Ana Obregón, pasando por Marujita Díaz). Triste.
Sólo pido un céntimo de euro por cada futbolín que puebla la geografía cervecera de este sacrosanto país. Y otro por cada mando a distancia golpeado por dedos regordetes en salas de estar (en mi salón hay cuatro, perfectamentes alineados en vertical, como balas catódicas). Amasaría la fortuna de Onassis. Y de estos dos pobres fiambres, sin embargo, no se va a acordar ni la funeraria que les ha dado pasaporte. El último, que apague la luz.