La madre de Marco

18 abril 2006

Réquiem por mi buzón


Me he convertido en fiel seguidor, casi disciplinado militante, de un monólogo que escuché hace semanas en televisión. Un ser estresado bramaba contra lo que, a su juicio, son las tres maldades del hombre contemporáneo. A saber: el móvil, el e-mail y los blogs. Y todos sus lamentos confluían en una misma penitencia: tus amigos, conocidos, enemigos, ex mujeres, ex maridos, viejos/as amantes, familiares lejanos, vecinos y demás fieras pululantes del planeta encuentran ahora una excusa perfecta para abroncarte de vez en cuando, y encima con la carga añadida de crearte incluso un cierto complejo de culpa. ¿Cómo? Muy fácil, sobre todo si cometes alguno de los tres pecados del recién estrenado catecismo de las telecomunicaciones:
1. No responder a una llamada perdida en tu móvil. "Oye, que te he llamado y no me has contestado". "Te he mandado cuatro sms". "¿A quién se le ocurre llevar el móvil apagado?".
2. No responder a un e-mail, con su vertiente "Oye, ¿has visto el vídeo que te envié sobre un niño que se come su propio pie en la sabana africana? ¿Y el de las 238 formas de hacer el suflé sin que se desborde la masa?". Pues no. "Joé". Ojú.
3. No visitar los blogs. Aquí omito comentarios porque lanzaría piedras sobre mi tejado, pero reconozco que también añade sus gramitos de estrés.

Como es primavera y me da por rebelarme contra todo, reivindico, aquí y ahora (Felipe González dixit), la figura del vilipendiado buzón de correos. Y lo hago porque el otro día fomentó uno de mis 744 traumas: el de la edad. Uno no puede bajar a comprar el pan, meter la llave en la cerradura de ese cubículo metálico y encontrarse una carta de Toys R Us, el imperio del capitalismo juguetero, con una tarjeta de cliente que yo no he pedido. Una amable misiva en su interior me aclaraba que como ya he traspasado la barrera de los 30, ellos intuyen que la tarjetita de marras me hará falta para comprar figuritas de Nemo, Los Increíbles y el pato Donald a mis inexistentes churumbeles.

El resto tampoco es más halagüeño. No sé vosotros, pero yo sólo saco de la rendija del buzón miles de folletos de Carrefour, facturas del banco, facturas de la luz, facturas del agua, facturas del gas, cartas de la Agencia Tributaria (uyyyyyyyyyyy, qué miedo hasta que rompes el sobre.... uyyyyyyy), cartas amenazantes de la Agencia de Recaudación municipal, convocatorias para surrealistas reuniones de la comunidad de vecinos, ofertas de Digital +, más ofertas de gimnasios y, sobre todo, folletos de Lidl, una cadena de supermercados que debe de tener el dudoso honor de estar acabando con la frondosa selva del Amazonas, porque gastan toneladas de papel...

Abajo el e-mail, fuera el sms, desterremos el blog (ejem.. Esto bajito, que el Blogger este es gratis...). Arriba el buzón de correos. Recuperemos las cartas de la prima de mi abuela, Angustia Caballero Nieto, vecina de Chauchina (Granada), que yo esperaba con impaciencia de niño porque siempre empezaban igual "Querida María. Espero que a la llegada de ésta te encuentres bien. Yo bien, grancias a Dios...". Y de despedida, 20 líneas siempre calcadas que comenzaban con un "Bésame a tu marido, a tus hijos, a los nietos....". Glorioso.

Quiero a mi buzón. Por favor, aliméntenlo. Pero si es una factura, mejor me la mandan por e-mail.