La madre de Marco

05 febrero 2007

Ministra chorra

No soy machista (en serio, no es verborrea políticamente correcta, lo juro sobre los estatutos del Real Madrid, la única Biblia verdadera). No lo soy, pero lo de algunas posaderas que descansan sobre los sillones del Consejo de Ministros ya bordea el surrealismo.

Ignoro si lo inspira la casualidad o alguna maldad no escrita, pero salvo doña Teresa (Fernández de la Vega, que debe de sudar buenas maneras, porque hasta el innombrable Pedro J. la ha designado Personaje del Año 2006 en su diario-panfleto), al resto de la nómina femenina de Zapatero le podrían dar vacaciones eternas. Ahí van algunos ejemplos:

- La señora ministra de Sanidad. Se ha empeñado en recordarnos las maldades calóricas de las hamburguesas. De acuerdo. Yo, con mis dos dedos normales de frente, no las como precisamente por eso. Cierto que esa carne perruna engorda, pero también el chorizo, la morcilla y los callos, sobre todo si mojas la salsa, y no creo que se atreva a iniciar una cruzada contra esa porción de la cocina patria. No conforme, pone en guardia al sector vitivinícola porque cree que la publicidad incita al consumo (¿no decían los expertos que una copita en el almuerzo es buena para la salud?). Ojú.

- La señora ministra de Vivienda. Mi ídolo. Una duda que me asalta a mitad de la legislatura: ¿a qué gaitas se dedica si la parcela sobre la que actúa la regula el mercado? ¿Telefonean los constructores, las inmobiliarias y los bancos a la señora Trujillo antes de decidir con cuántos miles de euros van a hipotecarnos las cuatro próximas décadas? Sus contribuciones en la batalla diaria contra el Euríbor: regalar zapatillas para que los jóvenes se pateen las calles en busca del piso inexistente y soluciones habitacionales de 30 metros cuadrados. Así, leches, eso es favorecer la natalidad, a ver dónde gaitas colocas la cuna...

- La señora ministra de Cultura. Reconozco que doña Calvo me cae mal, al margen de su gestión. Me da la impresión de que es una especie de vagón-escoba del Gobierno: ponla ahí que queda bonita (mientras no caiga en la tentación sureña, tan nuestra, de pretender pronunciar las eses como si fueras del mismísimo Chamberí).

- La señora ministra de Educación. ¿Qué cara se le habrá quedado esta semana al enterarse de que su hasta hace dos meses compañero de partido, el ahora Muy Honorable José Montilla, presidente de la Generaliltat, piensa llevarla al Constitucional por pretender que los niños catalanes estudien tres horas a la semana en español? Otro ojú.

- La señora ministra de Agricultura, Pesca y Alimentación. Zapatero ha tenido que salir en su defensa porque no se le ocurre otra genial idea más que defender una OCM en Bruselas que puede arrasar con lo poco que queda del sector agrario español.

- Y viene la mejor. La señora ministra de Medio Ambiente. Dos semanas después de que la UE le haya sacado los colores porque no cumplimos ni de lejos el Protocolo de Kioto, irrita a los mandamases de Bruselas (que en contra del Gobierno español apuestan por relanzar la energía atómica) y... ¡¡¡¡¡tachán!!!! se suma desde su oficina ministerial al apagón promovido por Greenpeace para salvar al planeta. Ay, doña Narbona, Cristinita, más te valdría poner firmes a los ricachones que emiten guarrerías desde las chimeneas de sus fábricas y dejarte de brindis al sol.

Pero nos queda un consuelo: por mal que lo hagan, siempre nos quedará Jesús Caldera, el hombre capaz de convertir las caídas del paro en logros del Gobierno, pero en culpar a la coyuntura internacional cuando el desempleo se dispara. Y que conste que lo del PP no mejora lo presente. ¿Fundamos un partido?